¿Todos los votos valen lo mismo?

Al margen de lo que ya he comentado en anteriores entradas sobre la desigualdad del voto consecuencia directa de la circunscripción provincial en la Constitución española, quiero analizarlo desde un punto de vista distinto que, además, puede servir para cualquier Estado del mundo donde exista sufragio.

La perspectiva que deseo tomar es la de si el voto de una persona vale que el de otra independientemente del razonamiento que haya seguido cada persona para elegir su voto. Es decir, lo meditada que ha sido la decisión y en función con informaciones obtenidas por esa persona.

Aunque es cierto que la Constitución defiende la igualdad, en el artículo 14, también es cierto que igualdad puede ser entendida en varios sentidos, dos de los más importantes son la igualdad como justicia distributiva y la igualdad como justicia conmutativa. Son dos conceptos que se usan muy poco en el lenguaje común. Entenderiamos por igualdad como justicia distributiva a aquella igualdad que pretende valorar las características de cada individuo para que sus efectos sean lo más idénticos posibles, es decir, que al tratarse de distintas personas se produzcan unos resultados que sean proporcionalmente iguales para cada uno de ellos. Y entenderíamos por igualdad como justicia conmutativa a aquella igualdad que no tienen en cuenta las características del individuo, y por lo tanto no pretende que sus consecuencias o efectos sean idénticos. Se entiende mejor con un ejemplo: no le resulta igual de gravoso para un rico comprar un coche por 30000 euros que para un trabajador con un sueldo mensual de 1000 euros. Si no se tiene en cuenta qué características tiene cada persona existirá una igualdad como justicia conmutativa, cualquiera de los 2 deberá pagar 30 mil euros por el coche, aunque uno tenga que pedir un préstamo a un banco, que, además, le devengará intereses, y el otro no necesitará ningún préstamo. Sin embargo, si se aplicase una igualdad como justicia distributiva podría exigirse al trabajador mileurista 5 mil euros por ese mismo coche que costará 30 mil euros para el rico.

Ahora apliquemos esa diferenciación entre igualdad distributiva e igualdad conmutativa al valor del voto en unas elecciones. ¿Vale lo mismo el voto de una persona que diariamente se informa de lo que sucede en la vida política de su lugar, está adecuadamente informada sobre los programas políticos de cada partido y, además, ha desarrollado una ideología política propia a base de razonar internamente qué considera mejor; y el voto de una persona que no se interesa prácticamente nada en la vida política y vota porque le suenan los nombres de los partidos y porque dice mucha gente que tal persona está haciendolo mal? Lamentablemente sí. Parece injusto y, efectivamente, lo es. Pero el sistema democrático defiende una igualdad que suele entenderse más comúnmente como igualdad conmutativa que como igualdad distributiva.

¿Quiero decir con ello que deba modificarse el sistema de votos para que se adecúe más a las características de cada votante? No. Yo no estoy inquiriendo que una persona sea superior a la otra y deba darse distinto valor a cada voto. Eso sería tomar un enfoque incorrecto, el desvalor de esta desigualdad no está tanto en usar un sistema de igualdad distributiva como en igualar las condiciones de los votantes para que sea más igualitario el sentido de cada voto. Votar es una responsabilidad muy grande y requiere de un razonamiento mínimo. A pesar de que existen problemas que resultan prácticamente irresolubles, como el egoísmo del ser humano en general, sí que existen problemas con posible solución que aunque no alcance una solución plena sí que pueden hacer que el problema sea mucho menor, menos grave.

Por lo tanto, lo que quiero decir es que no debemos adaptar el sistema al problema existente para ponderar cúanto debe valer cada voto, así el problema no se solucionaría, sino que se equilibrarían resultados quizás creando mayor justicia, o quizás no, pero podría valer el voto de un 60% de los ciudadanos menos de 0,5 y el voto de una minoría muy selecta, quizás un 2% de la ciudadanía el valor de 1 voto completo. El problema no se puede solucionar de esa manera. El problema es, en realidad, la falta de interés del ciudadano, en general, en la vida política, agravado por la desconfianza que genera la mala gestión del cargo por muchos cargos electos. Y también muy influenciado por los medios de comunicación que se sientan sobre bases ideológicas muy relacionadas con los partidos políticos más asentados en el poder.

Por lo que mi solución a este problema pasaría por disponer de un sistema educativo realmente eficiente, en el caso español no podemos decir que sea eficiente, y promover un mayor interés y una mejor información de la vida política en el ciudadano. Por lo que habría que asegurar una transparencia de la administración, y los órganos públicos, una publicidad más justa con los partidos políticos minoritarios y una participación más activa del ciudadano en la vida política, el DNI-e (electrónico) puede ser muy útil para realizar encuestas oficiales en internet y que esas encuestas puedan obligar a tomar en consideración el resultado de la encuesta por el órgano correspondiente. Lo de la mayor participación del ciudadano puede tener inconvenientes, ¿es seguro que gente con pocos conocimientos políticos participe? A priori puede ser catastrófico, ya que es como intentar conducir un coche sin haber tenido unas lecciones mínimas sobre la conducción. Sin embargo, a la larga considero que cambiaría el actual círculo vicioso perjuidicial para el interés en la vida política por uno de mayor interés, más información por parte del ciudadano, que el ciudadano se cree su propia ideología y que sus votos sean más razonables y más razonados.

Para mí, una democracia real pasa por una transparencia de los órganos públicos, una adecuada educación del ciudadano, una participación muy activa del ciudadano en la vida política (las nuevas tecnologías favorecen mucho esto, principalmente el DNI-e) y una libre información más adecuada a la realidad y más imparcial.

Porque el origen de la desconfianza en el sistema político no es exclusivamente de los políticos. En España la Constitución nos permite cambiar la situacion a los ciudadanos a través del cambio del sentido del voto hacia partidos minoritarios, pero eso solo funcionaría con votaciones en masa. Si PP y PSOE no contentan a la mayoría, esa mayoría no debe pensar en “el mal menor” sino en buscar una alternativa y así castigar a ambos. Pero fruto de la falta de interés y la desinformación del ciudadano es el que se acabe votando o a uno o a otro.

Asi que, he de concluir, que si de verdad queremos una democracia real, una democracia en la que el voto de si no todos los ciudadanos, la mayoría, sea un voto razonado, razonable y de un importante valor, hay que hacer varias reformas en educación y en ciertas normas de la administración. El sistema actual de votar cada 4 años y de dejar que los políticos hagan su trabajo libremente tan solo ha sido perjudicial para la democracia. Existe democracia pero no es real, la falta de interés del ciudadano y de información tan solo favorece a un sistema bipartidista que tan solo beneficia a los políticos y no a los ciudadanos.

Creo que una mayor participación en la vida política debe suponer un mayor control de los órganos públicos por parte del ciudadano ya que esos órganos públicos están para servir al ciudadano y no para ser utilizados por unos políticos que se ven inmersos dentro de un sistema y de una sociedad que no responderán ante sus infracciones y su incorrecto uso del cargo público. Y en España la Justicia, como órgano, debe mejorar mucho en todos los aspectos, uno de ellos es una mejor aplicación del Derecho para castigar aquellas conductas de los cargos públicos que se desvían de sus obligaciones de servir al Pueblo y únicamente al interés del Pueblo, no al interés propio o personal.

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2 Responses to ¿Todos los votos valen lo mismo?

  1. José Gaspar says:

    Acababa de contestarte a esto en Facebook y he visto que habías escrito precisamente sobre el tema en tu blog. Esta entrada que has escrito me ha gustado, francamente.

    Aunque es discutir la base de la Democracia (aquella que habla de “una persona, un voto”), parece lógico -al menos- plantearse que hay diferentes factores que podrían tenerse en cuenta para “ponderar” el voto de cada ciudadano. A saber: interés, preparación-formación, delitos, ejemplaridad,…

    Recuerdo un profesor de Derecho del Trabajo que nos venía a decir… “el principio de igualdad, no consiste en tratar a todos igual. Consiste en tratar de forma igual a los iguales, y distinta a los diferentes”.

    Además, su aplicación sería difícil y, posiblemente, injusta en su desarrollo. Si el voto fuera electrónico no habría problema para contabilizar. Aunque… ¿quién decide cuánto vale el voto de una persona? Suena también peligroso.

  2. Lo importante no es ponderar el voto, eso sería algo realmente dificil además de injusto. Lo importante es hacer que las personas estén a la altura de los conocimientos y el interés necesarios para la participación en la vida política, aunque sea con el voto.

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