Ignorado cayó el troll

Dicen que no hay mayor desprecio que el no mostrar aprecio. Y qué verdad es. Pero la frase no se queda en la mera indiferencia hacia una persona, sino que va más allá, significa el ignorar a una persona. Aunque parezca mentira, la mejor forma de dañar a una persona no es entrar en el juego de los insultos, sino todo lo contrario, ignorarla por completo.

A veces nos encontramos con personas que pretenden hacernos daño a través de provocaciones o comentarios que pueden dañar nuestro honor. La mayoría de veces se trata de personas que lo que buscan es una manera de llamar la atención o de matar su tiempo ya que su vida es muy aburrida. Pues, bien, estas personas necesitan ver una reacción negativa de aquellos a quienes provocan. Es lo que hoy en día internet viene a denominar troll, y, aunque sea un término acuñado en internet, es aplicable a la vida real, puesto que en internet lo que intervienen son personas de carne y hueso, aunque ese supuesto anonimato o la mera distancia que les separa de sus víctimas hace que internet sea un lugar idóneo para la aparición de estas personas.

Estas personas, si no ven una reacción negativa sino de total indiferencia, como si no existiese el troll, se sienten muy ofendidas porque han intentado causar un mal y les ha salido el tiro por la culata. Por lo que acaban preguntándose a sí mismos el por qué no ha surtido efecto, por qué han sido ignorados, y se sienten muy dolidos: primero, porque no han conseguido su objetivo y segundo, porque se sienten solos ante esa situación, no les hacen caso, necesitan su dosis de atención para sentirse alguien y cuando esa dosis de atención no existe se sienten tratados como unos marginados y necesitan buscar esa dosis de atención en alguien que sí les haga caso, por eso es muy frecuente en internet que si un troll falla lo vuelva a intentar en otro lugar o con otras personas.

Además, el ignorar a una persona es la solución más cómoda, no necesitas pensar posibles respuestas que no sirven para nada puesto que cuanto más logradas estén, más se alimenta el ego del troll. De ahí la frase “don’t feed the troll” (no alimenten al troll). Aunque nuestro orgullo nos crea el impulso de responder al troll para defenderlo, a lo que en realidad nos impulsa el orgullo es a caer en la trampa. Responder a los ataques externos es un instinto animal, hay que recordar que por ser humanos no dejamos de ser animales, pero los humanos tenemos la capacidad de razonar, la capacidad de sopesar las distintas opciones mentalmente y elegir la que, a nuestro juicio, es la mejor, aunque nuestro instinto o nuestros impulsos digan lo contrario.

Entrar en el juego del troll solo lleva a más quebraderos de cabeza y a sentir más dolor por esos ataques infundados cuyas respuestas en contraofensiva, en lugar de dañar al troll, lo que logra es hacerlo más fuerte. También consigue alargar el tiempo que dura el ataque y sus consecuencias, incluso que el alcance de ese ataque sea conocido por más gente, algo que no ayuda en absoluto. Por ello digo que la solución más cómoda y eficaz contra todo tipo de troll, no solo el de internet, es la ignorancia.

La gravedad de unas injurias es tanta cuanta importancia quiera darle la persona ofendida, si le da importancia cero, su gravedad también será cero.

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