Libertad de vestir de la mujer

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Hoy toca hablar de un tema que siempre lleva aparejada la polémica. La forma en que visten algunas chicas/mujeres cuando caminan por la calle. La imagen que he colocado más arriba no es más que un ejemplo de que parece ser que los pantalones cada vez llevan menos tela, y tanto es así que se muestra la mitad del trasero de las chicas que los usan.

Mucha gente piensa que esta forma de vestir es propia de una guarra o una buscona, y quizás tengan algo de razón, ya que hay que ser muy inocente o ignorante para no saber que los hombres somos débiles a la carne, esto no significa que los hombres por norma general seamos unos violadores, pero sí que tenemos facilidad para observar a una mujer cuando ésta está de buen ver y además enseña más “carne” de la que estamos acostumbrados a ver.

Sin embargo, estoy de acuerdo en que cada persona puede vestir como quiera, aunque ejemplos como el que muestro rayan la falta de recato. ¿Dónde debe estar el límite a la hora de vestir? Este tipo de preguntas siempre va a traer mucha polémica porque opiniones hay tantas como personas que se dignan a opinar. Pero, vamos a admitir que enseñar medio trasero al ir por la calle entra dentro de estos límites. ¿Enseñar “carne” es sinónimo de provocar? En principio, no lo es. Si algún hombre piensa que la mujer está provocando es porque no está del todo sano mentalmente y quizás tenga algún instinto, por pequeño que sea, de violador.

Ahora bien, como ya he dicho, hay que ser muy inocente o ignorante para no saber que el hombre, por naturaleza (seguramente por algún motivo muy relacionado con la testosterona), suele sentirse muy atraído por la mujer y que cuanta más carne enseñes como mujer, más vas a atraer sus miradas. Pero parece ser que algunas mujeres quieren culpabilizar al sexo masculino por ser como es, y mientras que la mujer debe ser libre de vestir como quiera el hombre no es libre de mirar lo que quiera, o a quien quiera, cuando camina por la calle.

¿Es mirarle los pechos o las nalgas a una mujer una forma de acoso? En mi opinión, no, una mirada no hace daño a nadie. Vale, ahora es cuando una mujer, o decenas de ellas, me dice que yo no soy mujer y a mi no se me quedan mirando decenas o cientos de hombres cuando voy caminando por la calle y, por lo tanto, no sé lo que es sentirse observado a toda hora. Es cierto, no sé lo que es sentirse observado por mucha gente a toda hora y que se giren continuamente a observar mi trasero. ¿Y qué? Sí que sé que soy hombre y que los hombres no nos giramos si lo que vamos a ver no nos va a gustar ¿desde cuando a una persona le sienta mal gustar a otra persona? De hecho no descarto que muchas mujeres vistan como visten precisamente con ese objetivo, lo cual no implica que todas se vistan para atraer miradas.

Yo siempre me pregunto ¿qué dirían las mujeres si ningún hombre les mirase de vez en cuando fijándose en sus atributos de mujer? Yo creo que una mujer que es consciente de que no atrae las miradas de nadie, no es necesario que sea hombre, también de mujeres, se siente mal consigo misma, se siente baja de autoestima. Es bien sabido que a la mayoría de las mujeres les gusta sentirse de algún modo guapas y no solo viéndose guapas a sí mismas, sino que otras personas le hagan sentir guapa, una forma de sentir eso es a través de las miradas de la gente, sobre todo de los hombres, si nadie se fija en ellas, pues normalmente piensan que es porque no le consideran guapa. No soy ningún experto en el tema, ni soy psicólogo, ni sociólogo, pero es mi punto de vista y libremente lo expreso.

Así que, chicas, vestid como queráis, no hagáis caso de la gente que se meta con vuestra forma de vestir, pero eso sí, no olvidéis que el hombre siente mucha atracción por naturaleza, sí, naturaleza, y que os miren es lo más normal del mundo y, de hecho, lo mejor que os podría pasar si os gusta que la gente os considere guapas. También recordad que, hasta hoy, ninguna chica ha perdido la virginidad porque un chico le mirase y por eso mismo no está considerado como delito ni, por lo tanto, como acoso sexual (no nos tomemos esto al pie de la letra porque sé distinguir perfectamente entre acoso, abuso y agresión sexual).

La Libertad de Expresión

La libertad de expresión es un derecho fundamental que la Constitución Española nos reconoce a todos los ciudadanos españoles, seamos nacionales o no, tengamos los permisos de residencia o no, puesto que es uno de los derechos fundamentales que nuestra Carta Magna no limita para gente que no reside en nuestro Estado, como sí sucede con el derecho de sufragio.

Por lo tanto, nuestro texto constitucional nos confiere el derecho a expresarnos libremente por el mero hecho de ser personas, sin distinguir entre nacionalidades, residencias, razas, etnias, religiones, sexo, edad, etc. Este derecho viene recogido en su artículo 20 y tiene varias vertientes (art. 20.1 CE):

– Derecho a expresar y difundir ideas, pensamientos, ideologías, etc.
– Derecho a la producción literaria, artística, científica.
– Derecho a la libertad de cátedra.
– Derecho a comunicar y recibir información veraz por cualquier medio de comunicación. (No olvidemos que dice “veraz”).

También nos dice este artículo que no se podrá censurar este derecho con antelación, se prohibe la censura previa, pero no la posterior (art. 20.2 CE).

Mediante ley se desarrollará la organización y control parlamentario de los medios de comunicación dependientes del Estado o de cualquier otro ente público (art. 20.3 CE). Es decir, que la ley regulará la manera en que se controlará por el Congreso de los Diputados, o los distintos parlamentos autonómicos, el funcionamiento de los distintos medios de comunicación públicos (aquí no me estoy queriendo meter en el asunto del cierre de Canal 9 que es asunto distinto al que quiero tratar).

“Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”, (art. 20.4 CE) copiando literalmente el texto de la Constitución. Este es el aspecto que en este momento deseo resaltar y sobre el que va a tratar esta entrada.

Y tan solo mediante orden del Juez podrá secuestrarse la información publicada o poseída por los medios de comunicación, tras confirmarse que su publicación supone una vulneración de la Constitución o de las leyes españolas, (art 20.5 CE).

Centrándome ya en el art. 20.4 CE, el que establece los límites, generales, al ejercicio del derecho de libertad de expresión, comenzaré diciendo algo que, parece ser, mucha gente no entiende. Y es que todo derecho tiene otra cara de la moneda, una obligación aparejada a él.

¿Obligación? ¿Cómo que obligación? Yo no me obligo a nada, a mí dame derechos y más derechos, las obligaciones son para otros. Error, esta es una actitud totalmente inmadura e irresponsable. El trabajador tiene el derecho a percibir un salario, pero también tiene la obligación de trabajar. El padre o madre tiene derecho a ver y estar con sus hijos, pero también tiene la obligación de procurarle vivienda, alimentos, ropa y una educación, y estos hijos, a su vez, están obligados a guardar un mínimo de sumisión a sus padres, siempre dentro de la legalidad. Uno tiene derecho a deambular libremente, pero debe abstenerse de adentrarse en fincas ajenas (obligación).

La Constitución Española limita, en primer lugar, el derecho de libertad de expresión al respeto de los demás derechos fundamentales reconocidos por la Constitución (“derechos reconocidos en este Título”), es decir, los derechos contenidos entre el artículo 10 (que habla sobre la dignidad de la persona) y el artículo 55 que habla de cúando y por qué pueden suspenderse las garantias constitucionales a los derechos fundamentales.

Este límite de respeto a los derechos fundamentales viene estrechamente ligado a varios de los derechos fundamentales que menciona acto seguido: honor, intimidad y propia imagen.

Es decir, a pesar de que sean derechos fundamentales totalmente distintos los unos de los otros, unos más relacionados entre sí que otros, no estamos exentos de la posibilidad de vernos en un conflicto de derechos, esto es, que surja un problema en el que haya que valorar qué derecho debe prevalecer sobre el otro, incluso siendo ambos derechos fundamentales, habrá que valorar qué derecho es más fundamental que el otro. Es obvio que no podemos conceder el mismo valor al derecho a la vida que al derecho a la libertad de expresión.

Pero las palabras u otras formas de expresarse, normalmente, no tienen la facultad de matar a otra persona, por lo que resulta difícil encontrar ejemplos de colusión entre derecho a la vida y derecho a la libertad de expresión. Sin embargo, sí que es muy común que el honor o la intimidad de una persona pueda verse dañado al hacer uso, otra persona, de su derecho a la libertad de expresión y es aquí donde entra en juego el límite del artículo 20.4, es decir, cuando en el ejercicio de la libertad de expresión se vaya a lesionar la intimidad o el honor de otra persona, el derecho de libertad de expresión deja de existir y ya no encuentra sustento jurídico, puesto que se le atribuye mayor valor al honor y a la intimidad personal que a la libertad de expresión.

De aquí nacen los delitos de injurias y calumnias. Y también los delitos de descubrimiento y revelación de secretos. Los primeros dañan, principalmente, el honor de una persona, mientras que los segundos dañan a su intimidad, pudiendo también dañar su honor.

Injurias y calumnias son las atribuciones de hechos, delictuales o no delictuales, que dañan el honor de una persona y que se realizan con conocimiento de su falsedad o con total desconocimiento de si esos hechos son ciertos o no.

Descubrimiento y revelación de secretos son los actos tendentes a conocer una información confidencial que va dirigida a terceras personas y la actividad de su difusión o comunicación a otros para que tengan conocimiento de esa información confidencial. Por ejemplo, abrir la carta del vecino, fotocopiar su contenido y difundirlo, o simplemente abrirla para cotillearle el contenido.

Estos son claros límites a la libertad de expresión, uno no debe comunicar al mundo una información falsa que dañe el honor de otra persona o una información confidencial o secreta. Aunque también puede existir una sanción, en vez de penal (posibilidad de cárcel), civil que consistirá en una indemnización a la persona perjudicada, por difundir una información veraz que daña el honor o la intimidad de una persona pero que se hace sin cumplir con lo que el Código Penal considera delito.

También dice el artículo 20.4 que son las leyes las que desarrollarán estos límites, y así son varias, que no voy a enumerar, las leyes que limitan la libertad de expresión. El Código Penal, siendo la norma con sanciones más duras, es una de las más importantes normas que limitan la posibilidad de expresarnos libremente.

Sería extremadamente largo y complicado analizar a fondo los límites a la libertad de expresión, incluso creo que podría dar para más de una tesis doctoral, por lo que no voy a profundizar, apenas, en el asunto. Pero básicamente, a modo de pequeño resumen, nos encontramos delitos que son una vulneración directa de derechos como el honor o la intimidad y que requieren de la actividad de comunicación o expresión, pero no son los únicos, también nos podemos encontrar multitud de delitos relacionados con incitar o felicitar la comisión de determinados delitos, como el enaltecimiento del terrorismo, por ejemplo.

He de hablar de varias figuras del Código Penal que podrían encuadrarse en formas de expresarse que se consideran delito por tender a convencer a terceras personas a cometer un delito:

Proposición: quien va a cometer un delito invita a otro para que se una a él.

Conspiración: cuando varias personas se reúnen para planear la comisión de un delito y deciden llevarlo a cabo.

– Provocación: cuando a través de medios de comunicación (imprenta, radio, televisión, internet…) se intente convencer a los receptores de la información de la comisión de un delito.

– Inducción: cuando se convence a un tercero a que él sólo o junto a terceras personas cometa un delito.

Exceptuando la inducción que se castigará siempre (que sea demostrada su existencia en juicio), las otras tres formas tan sólo serán castigadas para los delitos que el Código Penal expresamente lo diga. Por ejemplo: el artículo 141 del Código Penal prevé que la conspiración, proposición y provocación de comisión del delito de homicidio o asesinato será castigado. Obviamente, sólo se castigará si no llega a cometerse el delito, puesto que si se comete, la condena será por su comisión, no por conspiración, etc.

Mientras que la inducción se castiga siempre con la misma pena que al autor del delito, es decir, si el autor lo es en grado de tentativa, el inductor será condenado por una tentativa con menor pena que si se hubiera consumado el delito en su resultado, mientras que si en un principio convence a la persona para cometer el delito pero ésta se arrepiente con tiempo suficiente, el inductor no tendrá pena, al igual que tampoco la tendrá el no-autor. Básicamente con la inducción se castiga al inductor con la misma pena que al autor, porque el inductor lo único que pretende es utilizar a otra persona para intentar librarse de ser condenado como autor, y para evitar que esto ocurra, el Código Penal prevé que se le condene igual que a un autor.

Digo todo esto a raíz de los múltiples comentarios que han surgido en las redes sociales e internet tras el asesinato de Isabel Carrasco, la que fuera presidenta del Partido Popular en León (España). Donde se han podido leer comentarios del tipo “me da tanta pena su muerte como a ella le daban pena las muertes de personas por recortes en sanidad o suicidios por la crisis económica” (comentario que no es delito, en absoluto, pero que sí que considero poco ético o poco afortunado de hacer de forma pública), aunque sí que ha habido otros que podrían rozar o incluso ser otro tipo de delitos, comentarios en los que se desea o se amenaza de forma en la que se puede llegar a dudar sobre su seriedad a personajes como Mariano Rajoy, Cospedal y otros relacionados con la política. Hay que tener cuidado con este tipo de comentarios, porque si se investigan y se consideran suficientemente graves pueden llevar aparejados una condena de multa, de importante cuantía, o hasta de prisión.

Existe una expresión latina que dice así: “cogitationis poenam nemo patitur”, que más o menos significa que una persona no puede delinquir con el pensamiento, es decir, que lo que uno piensa no puede acarrear una pena, sin embargo, si se exterioriza ese pensamiento, en función de cuál sea, podría llegar a ser delito el solo hecho de decirlo.

Los comentarios que han salido al paso de la noticia de la detención, solo detención, no condena de un chaval por supuestamente apoyar a quien asesinó a Isabel Carrasco y a desear la muerte de varios políticos como Rajoy o Cospedal, incluso diciendo que si se los encontrara les fusilaría; llegan a ser algo demagogos. En primer lugar, hay un único detenido por este motivo, entre los muchos que han hecho comentarios muy ofensivos, incluso de apoyo o en tono de grave amenaza frente a políticos, se dice que España es un país policial, un país dictatorial en el que no hay libertad de expresión. Señores, que están hablando de acabar con la vida de personas que, por muy mal que lo hayan hecho, o por muy corruptas que sean, no se puede decir que merezcan morir. No gastamos la pena de muerte para cosas mucho más graves y pretendemos gastarla con los políticos sólo porque nos caen mal y nos sentimos robados por ellos. No mientan, no retuerzan el asunto de tal forma que quieran darle el cariz que a ustedes les apetece.

Cierto es que muchos políticos no son perseguidos por la Justicia cuando deberían serlo, cierto es que muchos de los políticos o amiguetes condenados por un Juzgado luego han sido indultados por el Gobierno, pero eso sigue sin justificar la muerte de una persona.

Desear la muerte de una persona no es delito, ni siquiera si se dice bien alto. Pero cuando ese deseo se expresa en un tono más amenazante, en un tono en el que parece que vas a ser tú mismo el que ponga medios para matar o dañar a una persona, podríamos vernos ante un delito de amenazas, igual que si cualquiera se nos acerca por la calle con un palo de hierro y nos dice que nos va a matar.

Tampoco me vale que se diga “es que conozco casos de amenazas que han sido denunciadas a la policía y no se ha hecho nada; y sin embargo, si la víctima es un político enseguida actúan para protegerle”. No mientan, o por lo menos cállense ante una clara ignorancia. Todos conocemos la expresión que dice “las palabras se las lleva el viento”, que quiere decir que lo que decimos por la boca dura el tiempo que tardamos en decirlo, después de eso, la prueba de ello desaparece por completo, mientras que lo que se escribe, dura todo el tiempo que dure el soporte en que está escrito sin que nadie lo modifique. Si el soporte es papel, mientras el papel esté en buen estado y nadie borre o tache su contenido, éste se verá. Y si el soporte es twitter, internet, mientras el autor no lo elimine o cualquier otra persona (policía o la empresa de twitter) lo haga de parte del autor, ahí está, y cualquiera puede verlo, lo que constituye prueba.

Mientras que si alguien te amenaza de forma verbal, a no ser que tengas testigos o lo grabases por casualidad, es tu palabra contra la suya, y por el principio de presunción de inocencia, a no ser que el que te amenazó no sepa mentir, seguramente salga libre. Por eso pueden darse estos casos, mientras que si la amenaza es a través de una red social o un papel, la prueba está ahí, y entonces sí que deberían hacerte mayor caso porque puedes demostrar el delito.

Para acabar quiero pedir disculpas por la extensión de esta entrada, muy larga, aunque a su vez bastante completa con lo principal, el derecho de libertad de expresión y sus límites a grandes rasgos.

Un saludo a todos, tengan cuidado con cómo se expresan, y suerte.

Nos mangonean porque nos dejamos

marioneta--253x190Con este humilde artículo no pienso soltar el típico discurso demagogo de “el capital es el mal de la sociedad” y bla, bla, bla. Lo que verdaderamente pretendo es crear algo de conciencia política en aquellas personas que lleguen hasta este pequeño artículo de blog, uno entre tantos.

Aunque en el fondo lo que voy a desarrollar se podría resumir con no mucho desacierto en la famosa frase “tenemos lo que nos merecemos”, quisiera llegar a conocer un poco el por qué y qué podríamos hacer para cambiar esta situación.

No cabe duda que la mejor manera de que otra persona no te engañe es que uno mismo se informe sobre aquello que vamos a adquirir o sobre lo que vamos a interactuar. Porque la ignorancia es el punto de entrada de estafadores y de gente con malas intenciones o con la única intención de aprovecharse en perjuicio de un tercero.

Porque por poner un ejemplo, si yo acudiera a una tienda de ropa para comprar un vestido para mi novia y el/la dependiente/a me dijera que tal vestido es de un famoso diseñador de Milán, que por eso es tan caro y que con ese vestido todo el mundo miraría a mi novia y pensaría que mi novia lleva vestidos de las mejores firmas, perfectamente me podrían estar engañando y yo no saberlo, porque para ello tendría que consultar con alguien con más conocimientos sobre moda que yo o buscar información sobre el diseñador y si ese vestido es o puede ser de una de sus colecciones.

Es tan solo un ejemplo entre los millones que podríamos decir, pero es un ejemplo que clarifica la vulnerabilidad que existe por el ignorante a ser engañado por terceras personas con intenciones no buenas para con nosotros. Obviamente nadie puede alcanzar la omnisciencia (conocimiento absoluto), pero si tenemos predisposición a enfrentarnos a algo que desconocemos y por lo que somos vulnerables, siempre es una actitud positiva el hecho de informarse mínimamente sobre la materia, y digo mínimamente porque tampoco hace falta doctorarse en ello, hay que informarse lo justo para que no nos tomen el pelo.

En materia política somos todos carne de cañón de la propaganda política que siempre nos intenta convencer de que su partido es el mejor y que los partidos políticos rivales tan solo supondrán la decadencia del municipio/comunidad autónoma/país. Para evitar que nos engañen, como ocurre una y otra vez, lo conveniente es informarse de cómo funciona la política, y la economía, principalmente, crear una ideología política propia, personal, y no adquirida por copia o influencia de terceros.

Una vez se tiene una ideología política lo que hay que hacer es crearse una escala de prioridades, preferencias, valorando qué es lo fundamental en un político o un partido político para que le votes. Por ejemplo: lo 1º es que no sea corrupto, 2º que defienda la sanidad pública, 3º que defienda el medioambiente, etc.

Esta escala es para poder elegir qué partido político se acerca más a nuestra ideología, puesto que la única manera de que una persona coincida al 100% con el programa político de un partido es que sea esa persona la que ha redactado todo el programa, sin dar opción a otras personas de modificarlo. Y ello porque todos tenemos opiniones diferentes, aunque sea en materias secundarias, por lo tanto, encontrar dos personas con una ideología 100% idéntica es realmente difícil, por no decir casi imposible.

De esta manera estaremos facultados para descartar los partidos políticos que no nos gustan o que aunque nos gusta gran parte de su programa político, tiene algo que nos produce rechazo hacia el mismo, por ejemplo: corrupción. Si a pesar de todo seguimos permitiendo que nos engañen es porque queremos, impidiendo así el cambio y que se solucione el problema.

Otro ejemplo es uno muy concreto que voy a exponer es el que encontramos en el siguiente enlace, http://es.gizmodo.com/por-que-google-ha-mal-vendido-motorola-a-lenovo-1512236587 Voy a ir directamente a lo que me interesa expresar y lo puedo resumir, para quien no haya accedido al enlace, en que Samsung, la gran multinacional de productos electrónicos, tiene tanto poder económico que se traduce en poder casi político al condicionar que otras empresas, también gigantes, como Google, que aparentemente no tendría por qué verse presionada por una fabricante de teléfonos, se vean presionadas y desistan en competir directamente con Samsung en la venta de teléfonos móviles. Y el poder tiene su origen en los ciudadanos, sí, aunque parezca difícil de creer. Si la gente compra productos marca Samsung y Samsung destaca en el sector siendo líder, puede condicionar a empresas tan grandes como Google para impedir que compitan con ella.

Para entender por qué Google se ha visto presionada por Samsung hay que ir a la raiz de la conexión. Samsung es la empresa líder en venta de teléfonos con sistema operativo android, que pertenece a Google. Lo que significa que si Samsung se cabrea con Google por perjudicarle vendiendo teléfonos más baratos y de la misma calidad que los de Samsung, eso le reduce las ventas y la ganancia económica a Samsung, pero como sigue siendo líder en el sector, Samsung puede optar por dejar de fabricar teléfonos que lleven el sistema operativo android, y eso podría perjudicar seriamente a Google.

Este poder deriva del hecho de que los usuarios le dan un poder similar al que un político obtiene de los votantes, y si no miremos al sr. Rajoy Brey. Por lo tanto, los usuarios tenemos la facultad de hundir a Samsung con el simple gesto de no comprar productos de esa marca. Pero para ello tenemos que conocer la situación, y esta información no suele aparecer en los grandes medios de comunicación, o si aparece es muy de pasada y apenas nadie se percata de la gravedad del asunto.

Por lo tanto no podemos limitarnos a percibir pasivamente la información que nos ofrecen, porque es obvio que tanto los políticos en sus videos y panfletos, como las grandes empresas con sus anuncios publicitarios lo que buscan es dar la mejor imagen de lo que quieren “vender”. Pero también debemos encontrar lo malo de todo esto, y el lado malo de todo debemos hallarlo por nuestra propia actividad para buscar información sobre el tema, ningún vendedor te va a decir que el producto que vende es malo, y esto lo saben perfectamente los comerciales y los que trabajan de dependientes en establecimientos abiertos al público. ¿Os imagináis que vais al restaurante a comer y el camarero os dice que el atún que os van a servir lleva dos años en el congelador o que la lechuga de vuestra ensalada se les ha caido al suelo antes de servirosla? Es un ejemplo muy extremista, pero es que en el caso de que eso fuese cierto, jamás os lo dirían, por eso tenemos que tomar las riendas e informarnos por nuestra cuenta.

No nos dejemos engañar por la imagen externa que las propias empresas y los propios políticos crean ellos mismos de sí, busquemos más información de ellos para ver si son tan perfectos como dicen ser o simplemente nos quieren cambiar gato por liebre basándose principalmente en un lavado de cerebro elaborado mediante propaganda y publicidad.

Que un producto lleve el logotipo de Apple o de Samsung no lo convierte en bueno solo por ello, tendrá unas características que le otorgarán una mayor o una menor calidad. Todo el mundo sabe que no es lo mismo el móvil que Samsung te vende a 100€ que el que te vende a 600€, eso es porque tienen características muy distintas, y si no las conocemos, nos pueden engañar.

Para acabar, debo decir que tampoco debemos dejarnos llevar por discursos extremistas que sean totalmente opuestos, porque su base suele estar en culpar exclusivamente al que tiene malas intenciones, que su gran culpa tiene, pero también la tiene el que se deja engañar. Un ejemplo muy claro y actual en España es el de las preferentes. Ahora que se sabe que eran un producto de mucho riesgo y que ha causado muchas pérdidas a muchos ciudadanos nos encontramos con gente que quiere culpar única y exclusivamente a los bancos de ello. Oigan ustedes, los bancos tienen su gran parte de culpa por lo que hicieron, pero el que compró semejante producto basura sin saber lo que estaba comprando también tiene su parte de culpa. Que siempre aparecerá el que diga “es que me fiaba del director del banco cuando me decía que no era arriesgado”, pues muy bien, seguid con ese sistema de fiaros de los demás, especialmente de los bancos y las grandes empresas, y luego echadle la culpa al otro. Señores, que la culpa de su ignorancia no es del tercero, es suya propia.

Ignorado cayó el troll

Dicen que no hay mayor desprecio que el no mostrar aprecio. Y qué verdad es. Pero la frase no se queda en la mera indiferencia hacia una persona, sino que va más allá, significa el ignorar a una persona. Aunque parezca mentira, la mejor forma de dañar a una persona no es entrar en el juego de los insultos, sino todo lo contrario, ignorarla por completo.

A veces nos encontramos con personas que pretenden hacernos daño a través de provocaciones o comentarios que pueden dañar nuestro honor. La mayoría de veces se trata de personas que lo que buscan es una manera de llamar la atención o de matar su tiempo ya que su vida es muy aburrida. Pues, bien, estas personas necesitan ver una reacción negativa de aquellos a quienes provocan. Es lo que hoy en día internet viene a denominar troll, y, aunque sea un término acuñado en internet, es aplicable a la vida real, puesto que en internet lo que intervienen son personas de carne y hueso, aunque ese supuesto anonimato o la mera distancia que les separa de sus víctimas hace que internet sea un lugar idóneo para la aparición de estas personas.

Estas personas, si no ven una reacción negativa sino de total indiferencia, como si no existiese el troll, se sienten muy ofendidas porque han intentado causar un mal y les ha salido el tiro por la culata. Por lo que acaban preguntándose a sí mismos el por qué no ha surtido efecto, por qué han sido ignorados, y se sienten muy dolidos: primero, porque no han conseguido su objetivo y segundo, porque se sienten solos ante esa situación, no les hacen caso, necesitan su dosis de atención para sentirse alguien y cuando esa dosis de atención no existe se sienten tratados como unos marginados y necesitan buscar esa dosis de atención en alguien que sí les haga caso, por eso es muy frecuente en internet que si un troll falla lo vuelva a intentar en otro lugar o con otras personas.

Además, el ignorar a una persona es la solución más cómoda, no necesitas pensar posibles respuestas que no sirven para nada puesto que cuanto más logradas estén, más se alimenta el ego del troll. De ahí la frase “don’t feed the troll” (no alimenten al troll). Aunque nuestro orgullo nos crea el impulso de responder al troll para defenderlo, a lo que en realidad nos impulsa el orgullo es a caer en la trampa. Responder a los ataques externos es un instinto animal, hay que recordar que por ser humanos no dejamos de ser animales, pero los humanos tenemos la capacidad de razonar, la capacidad de sopesar las distintas opciones mentalmente y elegir la que, a nuestro juicio, es la mejor, aunque nuestro instinto o nuestros impulsos digan lo contrario.

Entrar en el juego del troll solo lleva a más quebraderos de cabeza y a sentir más dolor por esos ataques infundados cuyas respuestas en contraofensiva, en lugar de dañar al troll, lo que logra es hacerlo más fuerte. También consigue alargar el tiempo que dura el ataque y sus consecuencias, incluso que el alcance de ese ataque sea conocido por más gente, algo que no ayuda en absoluto. Por ello digo que la solución más cómoda y eficaz contra todo tipo de troll, no solo el de internet, es la ignorancia.

La gravedad de unas injurias es tanta cuanta importancia quiera darle la persona ofendida, si le da importancia cero, su gravedad también será cero.

¿Por qué la mujer maltratada no denuncia?

En las últimas semanas se ha vuelto a poner muy en boga el asunto de la mujer maltratada, y no solo porque el día 8 de marzo sea el día de la Mujer, sino por el error que el diputado de UPyD, Toni Cantó, cometió al twittear varios datos sobre denuncias falsas de maltrato de género no contrastados, error por el que ya pidió perdón en varias ocasiones, primero en twitter, luego en el programa de Antena 3 “Espejo Público” y posteriormente en el mismo Congreso en la comisión de Igualdad, donde representa a su grupo parlamentario.

Quizás sus fuentes no eran muy fiables o ciertas, pero creo que muy poca gente es tan estúpida de creerse que realmente hubo solo un 0,01% de denuncias falsas entre las miles de denuncias que no condujeron a una condena. Cierto es que el maltrato doméstico es algo difícil de probar puesto que la propia palabra “doméstico” lo dice, se da en el hogar y, normalmente, no suele haber más testigos que la mujer y, si acaso, los hijos. Pero eso no significa que todas las denuncias que no llevan a una condena al hombre sea por este motivo, más de una sentencia acaba demostrándose que no hubo ninguna violencia y, sin embargo, no se actúa para condenar a la mujer por denunciar en base a unos hechos inexistentes. Y esto es algo que no hace más que ensuciar la imagen de algunas mujeres dañando a las que realmente sufren maltrato y que no denuncian, principalmente, por dos motivos: el primero por miedo a represalias de su pareja, y el segundo porque todavía aman a esa persona y se engañan a sí mismas creyendo que pueden cambiar al hombre, o que el hombre es sincero cuando, una vez ya se le ha pasado el enfado muestra signos de arrepentimiento, que quizás sean sinceros y el motivo de su violencia sea que no es capaz de controlar sus propios actos, pero en otros muchos casos son simples engaños a la mujer para que no les abandone.

Año tras año vemos como muere una media de unas 50-60 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas masculinas. En realidad no es una cifra muy alta, ya en 2004 el diario El País publicó unos datos estadísticos que colocaban a España como uno de los países con tasa de mujeres muertas víctimas de la violencia doméstica más baja de Europa. Por lo que da la sensación de que se quiere erradicar por completo algo que es imposible de erradicar. Pretender tener una media de mujeres muertas al año por este motivo de 0 es como querer que el más pobre del mundo viva como puede vivir Bill Gates, Cristiano Ronaldo o Carlos Slim, vamos, una utopía.

Pues, bien, tomando los datos oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, de las 49 mujeres que fallecieron por esta causa en 2012, solo 9 habían denunciado anteriormente malos tratos, el 18,37% de las fallecidas. Y si comprobamos los datos de años anteriores no son mucho más esperanzadores, 2010 fue el año (entre los últimos) con mayor tasa de fallecidas que previamente denunciaron con un 30%. Y el 70% restante ¿por qué no denunció?

No será porque no se haya hecho campañas suficientes en televisión, marquesinas de autobuses, etc. suficientes para que sepan que existen medios para protegerlas. Creo que casi ninguna de las fallecidas desconociera que podía denunciar y que existen mecanismos legales para protegerlas.

Sin embargo, más de la mitad de las fallecidas no denuncian, y me imagino que de las que todavía siguen vivas y siguen sufriendo el maltrato del marido o del novio, o las amenazas de los ex, ni la mitad habrá denunciado.

De todas formas, si la tasa de mujeres fallecidas que previamente denunciaron fuese alta, sería para mirarse el asunto de la eficacia de las medidas de protección, porque si el año pasado murieron 9 mujeres que habían denunciado, algo sucede que no están suficientemente protegidas.

Como los datos no están del todo relacionados no podemos saber si los 9 hombres que les mataron, posteriormente se suicidaron o, al menos, lo intentaron. Ya que el que mata a la mujer y se suicida no teme a una Ley, va a morir, ¿qué miedo tienes de una Ley cuando sabes que vas a morir? También hay que tener en cuenta que, aproximadamente, el 40% de los hombres que matan a sus parejas o ex parejas intenta suicidarse posteriormente, y la mitad lo consiguen. Es muy dificil proteger a una mujer cuando el agresor no tiene miedo a nada ya que sabe que tras matar a la mujer, él morirá.

Pero, ¿por qué no denuncian? Las causas principales ya las he expuesto antes: unas por amor a la pareja y autoengaño creyendo las mentiras de los hombres que aseguran que no les volverán a hacer daño y otras por puro miedo al hombre, porque no confían lo suficiente en las instituciones que se encargan de protegerlas, piensan que no podrán evitar que el hombre pueda agredirles si de verdad quiere, además, presentar una denuncia, con toda seguridad, levantará la ira del hombre hacia ella. En ocasiones no denuncian porque se unen ambos motivos.

¿Tiene sentido, pues, intentar curar más que prevenir? Yo creo que no, además de que a las mujeres más retorcidas que no sienten empatía ni por su pareja ni por las verdaderas víctimas de la violencia doméstica se les está brindando una herramienta perfecta para conseguir más fácilmente beneficios en el divorcio o simplemente la oportunidad de hundir moral y socialmente al marido. Y creanme, igual que hay maridos maltratadores, hay mujeres maltratadoras, aunque sus armas sean distintas.

Conseguir hacer que todas estas mujeres que no denuncian den el paso es un objetivo muy complicado de lograr. Los motivos los he explicado ya. Lo que hay que hacer es erradicar el maltrato, dentro de lo posible, mediante la prevención que se puede lograr a través de una correcta educación de las personas, educación que comienza desde su juventud, desde su niñez.

Pero, lamentablemente, hay que ser conscientes de que reducir a 0 el número de casos de maltrato es tarea imposible. Y muy complicada, especialmente para sectores sociales de conflicto debido a la pobreza o su marginalidad. Sectores sociales que quizás se vean aumentados por las pésimas condiciones económicas que estamos viviendo actualmente, lo que complica todavía más el objetivo de acabar con la violencia doméstica.

No sé qué nos depara el futuro, pero me parece que lo veo muy negro, y no estoy hablando de asuntos económicos, sino de violencia de género y todas las consecuencias relacionadas con ella, también las derivadas de la tan discutida Ley Integral contra la Violencia de Género.

14 de febrero y tú soltero

Llegó el 14 de febrero y otra vez estás soltero. Día en que alguien se empeñó en que lo llamaran día de los enamorados. No sé muy bien por qué, no conozco la historia de este día, tan solo sé dos cosas. Que es un día en el que las parejitas hacen cosas de parejitas y un día en el que el caprichoso destino quiso yo viera la luz de este mundo por primera vez.

Quizás la persona que consiguió hacer de este día el día de los enamorados lo hizo por afán lucrativo, por recaudar dinero a costa de las parejas enamoradas y de aquellas parejas que surgen aunque sea para un solo día, todo por no estar solteros en una fechas tan señaladas.

Pero, ¿por qué la gente le da tanta importancia a eso que llamamos amor? Yo no soy tampoco el más apropiado para hablar sobre este tema ya que yo no he sido precisamente afortunado en el amor, dicen que es cosa de los acuario, no lo sé, pero mi fortuna en el amor no ha sido muy positiva. Sin embargo puedo hacerme una idea de por qué a sensu contrario.

Lógicamente los pros de tener pareja son los contras de ser soltero, y viceversa. Por lo que analizando los contras de la soltería quizás pueda hacerme una pequeña idea de lo que es amar a una persona que también te ama a tí.

Y es que no hay nada más bonito en el mundo que amar y ser amado, es algo que te llena de felicidad, que una persona te importe y que tú le importes a esa persona. Todo el cariño, todo el afecto que se puede compartir. Y ese apoyo moral que siempre debería suponer una persona que te ama. Todos necesitamos en algún momento de nuestra vida sentirnos amados, sentir un apoyo en una persona que nos demuestra su afecto, una persona en la que no temamos confiar, una persona a la que podamos contarle todas nuestras penas y nuestras alegrías.

Pero no todo es bonito en el amor, como he dicho, también tiene sus contras. Y no es necesario tampoco haber vivido una experiencia amorosa para conocer algunos de esos contras, al menos los más fundamentales. La vida con otra persona, en ocasiones supone tener que discutir con esa otra persona, te crea un vínculo que recorta tu libertad puesto que la pareja requiere de una atención especial, a veces crea inseguridad en aquellas personas que sufren de celos y, siempre, cuando una persona deja de querer a la otra, la que todavía sigue queriendo a la otra acaba destrozada emocionalmente. Aquí es donde encontramos esa ventaja de estar soltero de ser totalmente libre y no estar atado a una pareja, no discutir con la pareja, no sentir celos, etc.

Está claro que cada uno tendrá sus preferencias, pero la mayoría habrá momentos en que desearíamos estar en la condición opuesta a la que nos encontramos. Es un poco también envidia de lo que no se puede disfrutar, y otro poco de agobio por las situaciones que se viven estando en una condición o en la otra.

En definitiva, tenemos que aprender a ver lo bueno de la condición en que vivimos.

Y dejando para el final el tema del sexo, no hace falta tener pareja para disfrutar de este placer de la vida. 😉

Para ser felices, debemos sufrir

Todos hemos escuchado alguna vez el dicho de que: “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Y es que la mayoría pensamos que ojalá los momentos buenos nunca se acabasen, pero entonces dejarían de ser tan buenos. Seguramente sea esa efimeralidad lo que nos confiera tanto placer psicológico el saber que vamos a disfrutar de un momento que deseamos disfrutar, y también durante esos momentos agradables.

Vi un video de una conferencia de Eduard Punset en México en la que habló sobre la felicidad. Y a mitad de conferencia habló sobre algo que le sucedía a él en su propia vida con su perro. Decía que cada vez que le llevaba la comida a su perro, el perro se le echaba encima con unos ánimos locos casi siempre, sin embargo, no siempre se la comía, el perro era feliz porque sabía lo que su dueño hacía y lo que llevaba en el plato o cuenco. Y no debemos olvidar que el ser humano es un animal, racional, cierto (aunque no siempre), pero animal, al fin y al cabo. Y los sentimientos proceden de lo más profundo del ser, no son fáciles de controlar por la razón, aunque sí pueden ser condicionados por ella, debido a que nuestros deseos suelen provenir de la razón.

Así que nuestra felicidad depende en gran parte del vernos privados temporalmente de aquello que nos hace pasar momentos agradables. Precisamos de combinar los momentos de placer, alegría y felicidad con momentos de sufrimiento, o no de sufrimiento, sino de aburrimiento o cansancio.

Si disfrutamos durante demasiado tiempo de algo que nos gusta acaba por ser contraproducente y comienza a aburrirnos y nos hartamos de ello. Creo que todos estaremos de acuerdo en este punto y alguna vez nos habrá ocurrido con cualquier cosa, por ejemplo, una canción. Algunas veces decimos, “me gusta tanto que podría estar escuchándola una y otra vez durante toda mi vida” es una clara exageración, pero si de verdad lo intentásemos, acabaríamos aborreciéndola.

Y es que son esos momentos menos agradables los que le confieren ese valor tan importante a lo que nosotros consideramos momentos agradables.