El PP apela al miedo a lo nuevo para sus elecciones en 2015

Parece ser que el PP ya ha decidido qué estrategia tomar para afrontar las duras elecciones que le esperan durante este 2015. Y consiste en el miedo a los nuevos partidos, apelar al viejo refrán “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Si no me creen, vean:

Obvio que no dice expresamente esas palabras, pero se deducen implícitamente del mensaje que emite: “cosas tan importantes como nuestra educación, como nuestra sanidad, el empleo, la agricultura, el comercio, el turismo y como tantas otras cosas. No la podemos dejar en manos de experimentos, de principiantes, de proyectos políticos que no se sabe de dónde vienen y, sobre todo, no se sabe a dónde van”.

Y no es Juan Moreno el único que ha usado esa estrategia, también el propio Mariano Rajoy ha dicho palabras similares, y aquí puedo poner dos enlaces en los que queda claro.

http://www.efe.com/efe/noticias/espana/politica/rajoy-moreno-apelan-voto-util-como-unica-alternativa-andalucia/1/3/2555092

Rajoy ha instado a desconfiar de quienes “sacan conejos de la chistera”, de quienes dicen que van a hacer cosas pero que simplemente van a “apuntalar” al PSOE-A y de quienes prometen “varitas mágicas que no existen”.

Leer mas: http://www.europapress.es/andalucia/almeria-00350/noticia-rajoy-pide-no-tirar-voto-apoyando-formulas-garantizan-continuidad-socialismo-20150315133120.html

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Está claro que dentro del Partido Popular existe miedo ante las encuestas que les han quitado muchos votos en buena parte de España, saliendo beneficiadas opciones como Podemos o C’s (Ciudadanos).

Podríamos decir que en el amor y en la guerra “todo vale”, siendo unas elecciones prácticamente una guerra en la que a pesar de existir normas legales, incluso hay ocasiones en las que se han incumplido, y el PP es uno de esos partidos que ha incumplido normas como la LOREG en más de una ocasión. Cierto es que este discurso no está infrinjiendo ninguna ley, y no es mi intención la de insinuar tal cosa. Sino que deseo transmitir ese miedo que tiene el PP, que lejos de intentar ganarse la confianza del ciudadano con actos propios, luchando realmente contra toda la corrupción, incluída la de su propio partido, lo que hace es dedicarse a intentar desprestigiar a lo nuevo. En mi opinión, roza la inconstitucionalidad esa actitud, una Constitución que promulga como uno de sus valores superiores, según su artículo 1.1, el pluralismo político; pero ya saben, esto es una guerra, y al enemigo ni agua.

Sí, Rajoy presume de ciertos datos de que España está presuntamente mejor hoy que cuando él entró (cuando hay más parados hoy que el día que él entró, cuando en estos últimos 3 años ha emigrado gran parte de nuestra población joven a fuera de España), usa datos que hacen presumir un comienzo de recuperación económica y los usa de forma interesada, únicamente se vale de los datos que le interesan, ocultando los que no.

Además ¿hay que olvidar todo el daño que han producido al conjunto de España algunas políticas tomadas por el señor Rajoy y su gobierno? Rajoy, no has hecho magia, ni tus medidas nos han salido gratis a los españoles.

El cortoplacismo de nuestros políticos y la Deuda Pública

De todos es sabido que nuestros políticos viven en períodos de 4 años y sus ojos no les permiten ver más allá de esos 4 años. Lo que se traduce en que sus decisiones sean a corto y, como mucho, a medio plazo. Desentendiéndose de las decisiones responsables y mirando por realizar actuaciones que sean visibles y que den la sensación de que sus mandatos como gobernantes han sido productivos y positivos para así tener una garantía de conservar un buen puñado de votos para las próximas elecciones e, incluso, aumentar la cifra.

Esto supone una grave situación para el Estado puesto que nadie se preocupa de las decisiones a largo plazo que, siempre, suelen ser las negativas, como, por ejemplo, la emisión de Deuda Pública que, salvo por las Letras del Tesoro, suele ser emitida a plazos superiores de los que va a permanecer el gobierno en el poder, mientras que no sea reelegido, algo totalmente fuera del control del político. En cualquier caso, para ser reelegido hay que crear una buena imagen, una imagen de buena gestión pública y la emisión de Deuda siempre nos ayuda a financiar las actuaciones de la Administración.

Sin embargo, no nos damos cuenta de algo muy importante, las Deudas han de pagarse, y no devolviendo precisamente la misma cantidad que se entregó, sino una cantidad superior, sea por que se devenguen intereses o sea porque el título fue adquirido por un valor inferior al nominal. Todo esto es obviamente porque nadie paraliza su dinero prestándoselo a un tercero con una rentabilidad 0, salvo que se trate de un amigo en el que confiamos.

Lo que implica que la emisión de Deuda Pública sea una actuación con una responsabilidad muy alta, ya que, al final, quienes pagan la Deuda son los ciudadanos.

Cierto es que endeudarse no siempre es malo, endeudarse puede ser buenísimo si la Deuda se destina a una inversión muy rentable, cosa que no es muy común cuando hablamos de Administraciones Públicas, lo que conlleva que la mayor parte de la Deuda Pública emitida acabe en inversiones negativas o improductivas, o que simplemente no produce la rentabilidad esperada. Sinceramente, si tengo que confiar en que los políticos que nos gobiernan van a invertir correctamente mi dinero y el de todos mis vecinos, más considerando que tienen una mentalidad electoralista y cortoplacista en la que priman las actuaciones de crear imagen de haber actuado, aunque sea con inversiones totalmente negativas como: Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, Ciudad de la Luz de Alicante, Aeropuerto de Castellón, etc, etc, etc. (sí, los 3 ejemplos son de la Comunidad Valenciana, mi tierra). Apaga y vámonos.

Por lo que yo establecería el recurso de la Deuda Pública como un recurso muy extraordinario y de extrema urgencia o, si acaso, que se destine a inversiones bien estudiadas previamente en las que se tenga un importante nivel de seguridad de que la inversión será positiva, algo que deberá justificarse a la hora de emitir Deuda Pública para así poder exigir responsabilidades en caso de no obtener los resultados esperados. Con extrema urgencia quiero decir que la necesidad de conseguir recursos para la continuación de una actividad de la Administración o su iniciación no pueda esperar a los nuevos presupuestos y no tenga otros medios de utilizar los recursos procedentes de otros ingresos que no generen una obligación de devolución. Es decir, que el no recurrir a la Deuda Pública suponga la paralización de la actividad administrativa causando un grave perjuicio a los ciudadanos, por ejemplo: imposibilidad de encontrar recursos económicos en el Presupuesto para la sanidad o la educación obligando a emitir Deuda o a paralizar su actividad (paralizar puede equivaler a una falta de recursos que dificulten o dañen gravemente la actividad llevada a cabo, no solo que se detenga por completo), o la imposibilidad de encontrar fondos para iniciar un procedimiento de evacuación o de acogida de las víctimas de catástrofes naturales, etc. Con esto quiero decir, que si una actividad administrativa puede ser paralizada sin causar graves perjuicios a los ciudadanos, esta debería ser paralizada en vez de ser financiada con Deuda Pública.

Pero nos topamos ante un problema, ¿quién debe regular esto? Las mismas personas que ejecutan estas normas. Lo que nos lleva a pensar, ¿realmente hay una separación de Poderes? Está claro que no, aunque siempre pensamos en separación de Poderes cuando hablamos del Poder Judicial y nos olvidamos de que el mismo señor que dirige el Poder Ejecutivo está sentado en una de las Cámaras del Poder Legislativo como un diputado más. Es que ya el descaro es soberbio, no es que los diputados elijan a nuestro gobernante, sino que nuestro gobernante es un diputado y está dentro de los dos poderes: ejecutivo y legislativo.

De aquellos polvos estos lodos, dicen. Tenemos un desastre de “democracia”, si es que se le puede llamar así, y un desastre de representantes. Está claro que nuestra Constitución necesita una profunda reforma en materia de Instituciones del Estado.

Mariano Rajoy considera justo el sistema electoral.

 
Mariano Rajoy al fin dice lo que piensa respecto a la ley electoral. Al fin reconoce que si fuera por él esto se parecería al sistema de Cánovas y Sagasta de hace más de un siglo. En boca de él mismo “el sistema electoral no es un fraude porque tanto los que se sientan allí (su izquierda) como los que se sientan allí (su derecha) han gobernado”. Es decir, no es ningún fraude porque tanto PP como PSOE han gobernado durante los últimos 28 años. De lo que se deducen dos cosas, o para él España se divide entre los votantes de PP y los votantes de PSOE (no existen ni CiU, ni Amaiur, ni IU, ni CC, ni UPyD, ni Compromís, etc.) o tiene un grave problema con el pluralismo político (artículo 6 de la Constitución Española). Y si tiene algún grave problema con “pluralismo político” o es semántico o es ideológico.

Esto es, Rajoy, o considera el bipartidismo como pluralismo político, pegándole una patada al espíritu del artículo 6 que se refiere al pluralismo político como al conjunto de todos los partidos políticos, incluídos los no representados en los parlamentos. O piensa que muchos partidos no deberían existir, es decir, todos salvo el suyo y, quizás, el PSOE.

Pues muy bien. Además, parece ser que no entiende de matemáticas, si el 44,6% de los votantes te vota a tí, ¿por qué tienes el 53% de los diputados? Es algo matemático y, por lo tanto, objetivo. El sistema electoral es injusto. Vale que si hay 350 diputados no es posible que sea representado un partido político con menos de 1/350% de los votos y que deban aplicarse unas medidas correctoras que favorecerá a los que superan ese 1/350% de los votos, pero es que actualmente hay partidos que tienen menos de 1/3 de la representación que le corresponde, es decir, de 17 diputados que le corresponden, solo disponen de 5 gracias al sistema electoral. ¿Dónde van a parar esos 12 diputados que no recibe? Pues se lo reparten entre PP, PSOE y algún nacionalista. De ahí ese 8% de sobrerrepresentación que tiene el PP. ¿Cómo le va a parecer injusta la ley electoral? Si le beneficia a él.

Sería como si uno trabajase 10 horas y otra persona 5 horas, y tuviesen que repartirse 15 barras de pan y le diesen 14 barras de pan al que trabaja 10 horas y 1 barra al que trabaja 5 horas. ¿Qué justicia es esa? El que trabaja 10 y recibe 14 obviamente no se va a quejar (sería algo realmente honesto quejarse, algo que muy pocos políticos son).

El 20N seguramente seré apoderado por UPyD

Esta entrada será relativamente breve. Os informo de que el 20 de noviembre de 2011, día de elecciones generales, seguramente seré apoderado por UPyD en mi colegio electoral. Espero con cierta excitación a ese día, y con las expectativas que tengo ahora mismo en mi ciudad, cada voto que vea para UPyD se me pondrá una sonrisa en la cara, ya que mis expectativas son realmente bajas.

Para quien no sepa en qué consiste la tarea del apoderado, se trata, principalmente, de: revisar que no se agoten las papeletas del partido al que representa, también revisar que no oculten las papeletas del partido para dificultar el voto a éste. Tiene, también, derecho a estar presente en el escrutinio y a impugnar cualquier irregularidad en cualquier votación o durante el escrutinio.

Si no tuviese fe ciega en UPyD no lo haría. Jamás me habría imaginado como voluntario para asegurarme de que un partido político no sea saboteado en unas elecciones, aunque sea a nivel muy reducido, un simple colegio electoral. Por ello me supondría una grandísima decepción si todas las palabras de UPyD fuesen, finalmente, humo.

Un saludo.