Nos mangonean porque nos dejamos

marioneta--253x190Con este humilde artículo no pienso soltar el típico discurso demagogo de “el capital es el mal de la sociedad” y bla, bla, bla. Lo que verdaderamente pretendo es crear algo de conciencia política en aquellas personas que lleguen hasta este pequeño artículo de blog, uno entre tantos.

Aunque en el fondo lo que voy a desarrollar se podría resumir con no mucho desacierto en la famosa frase “tenemos lo que nos merecemos”, quisiera llegar a conocer un poco el por qué y qué podríamos hacer para cambiar esta situación.

No cabe duda que la mejor manera de que otra persona no te engañe es que uno mismo se informe sobre aquello que vamos a adquirir o sobre lo que vamos a interactuar. Porque la ignorancia es el punto de entrada de estafadores y de gente con malas intenciones o con la única intención de aprovecharse en perjuicio de un tercero.

Porque por poner un ejemplo, si yo acudiera a una tienda de ropa para comprar un vestido para mi novia y el/la dependiente/a me dijera que tal vestido es de un famoso diseñador de Milán, que por eso es tan caro y que con ese vestido todo el mundo miraría a mi novia y pensaría que mi novia lleva vestidos de las mejores firmas, perfectamente me podrían estar engañando y yo no saberlo, porque para ello tendría que consultar con alguien con más conocimientos sobre moda que yo o buscar información sobre el diseñador y si ese vestido es o puede ser de una de sus colecciones.

Es tan solo un ejemplo entre los millones que podríamos decir, pero es un ejemplo que clarifica la vulnerabilidad que existe por el ignorante a ser engañado por terceras personas con intenciones no buenas para con nosotros. Obviamente nadie puede alcanzar la omnisciencia (conocimiento absoluto), pero si tenemos predisposición a enfrentarnos a algo que desconocemos y por lo que somos vulnerables, siempre es una actitud positiva el hecho de informarse mínimamente sobre la materia, y digo mínimamente porque tampoco hace falta doctorarse en ello, hay que informarse lo justo para que no nos tomen el pelo.

En materia política somos todos carne de cañón de la propaganda política que siempre nos intenta convencer de que su partido es el mejor y que los partidos políticos rivales tan solo supondrán la decadencia del municipio/comunidad autónoma/país. Para evitar que nos engañen, como ocurre una y otra vez, lo conveniente es informarse de cómo funciona la política, y la economía, principalmente, crear una ideología política propia, personal, y no adquirida por copia o influencia de terceros.

Una vez se tiene una ideología política lo que hay que hacer es crearse una escala de prioridades, preferencias, valorando qué es lo fundamental en un político o un partido político para que le votes. Por ejemplo: lo 1º es que no sea corrupto, 2º que defienda la sanidad pública, 3º que defienda el medioambiente, etc.

Esta escala es para poder elegir qué partido político se acerca más a nuestra ideología, puesto que la única manera de que una persona coincida al 100% con el programa político de un partido es que sea esa persona la que ha redactado todo el programa, sin dar opción a otras personas de modificarlo. Y ello porque todos tenemos opiniones diferentes, aunque sea en materias secundarias, por lo tanto, encontrar dos personas con una ideología 100% idéntica es realmente difícil, por no decir casi imposible.

De esta manera estaremos facultados para descartar los partidos políticos que no nos gustan o que aunque nos gusta gran parte de su programa político, tiene algo que nos produce rechazo hacia el mismo, por ejemplo: corrupción. Si a pesar de todo seguimos permitiendo que nos engañen es porque queremos, impidiendo así el cambio y que se solucione el problema.

Otro ejemplo es uno muy concreto que voy a exponer es el que encontramos en el siguiente enlace, http://es.gizmodo.com/por-que-google-ha-mal-vendido-motorola-a-lenovo-1512236587 Voy a ir directamente a lo que me interesa expresar y lo puedo resumir, para quien no haya accedido al enlace, en que Samsung, la gran multinacional de productos electrónicos, tiene tanto poder económico que se traduce en poder casi político al condicionar que otras empresas, también gigantes, como Google, que aparentemente no tendría por qué verse presionada por una fabricante de teléfonos, se vean presionadas y desistan en competir directamente con Samsung en la venta de teléfonos móviles. Y el poder tiene su origen en los ciudadanos, sí, aunque parezca difícil de creer. Si la gente compra productos marca Samsung y Samsung destaca en el sector siendo líder, puede condicionar a empresas tan grandes como Google para impedir que compitan con ella.

Para entender por qué Google se ha visto presionada por Samsung hay que ir a la raiz de la conexión. Samsung es la empresa líder en venta de teléfonos con sistema operativo android, que pertenece a Google. Lo que significa que si Samsung se cabrea con Google por perjudicarle vendiendo teléfonos más baratos y de la misma calidad que los de Samsung, eso le reduce las ventas y la ganancia económica a Samsung, pero como sigue siendo líder en el sector, Samsung puede optar por dejar de fabricar teléfonos que lleven el sistema operativo android, y eso podría perjudicar seriamente a Google.

Este poder deriva del hecho de que los usuarios le dan un poder similar al que un político obtiene de los votantes, y si no miremos al sr. Rajoy Brey. Por lo tanto, los usuarios tenemos la facultad de hundir a Samsung con el simple gesto de no comprar productos de esa marca. Pero para ello tenemos que conocer la situación, y esta información no suele aparecer en los grandes medios de comunicación, o si aparece es muy de pasada y apenas nadie se percata de la gravedad del asunto.

Por lo tanto no podemos limitarnos a percibir pasivamente la información que nos ofrecen, porque es obvio que tanto los políticos en sus videos y panfletos, como las grandes empresas con sus anuncios publicitarios lo que buscan es dar la mejor imagen de lo que quieren “vender”. Pero también debemos encontrar lo malo de todo esto, y el lado malo de todo debemos hallarlo por nuestra propia actividad para buscar información sobre el tema, ningún vendedor te va a decir que el producto que vende es malo, y esto lo saben perfectamente los comerciales y los que trabajan de dependientes en establecimientos abiertos al público. ¿Os imagináis que vais al restaurante a comer y el camarero os dice que el atún que os van a servir lleva dos años en el congelador o que la lechuga de vuestra ensalada se les ha caido al suelo antes de servirosla? Es un ejemplo muy extremista, pero es que en el caso de que eso fuese cierto, jamás os lo dirían, por eso tenemos que tomar las riendas e informarnos por nuestra cuenta.

No nos dejemos engañar por la imagen externa que las propias empresas y los propios políticos crean ellos mismos de sí, busquemos más información de ellos para ver si son tan perfectos como dicen ser o simplemente nos quieren cambiar gato por liebre basándose principalmente en un lavado de cerebro elaborado mediante propaganda y publicidad.

Que un producto lleve el logotipo de Apple o de Samsung no lo convierte en bueno solo por ello, tendrá unas características que le otorgarán una mayor o una menor calidad. Todo el mundo sabe que no es lo mismo el móvil que Samsung te vende a 100€ que el que te vende a 600€, eso es porque tienen características muy distintas, y si no las conocemos, nos pueden engañar.

Para acabar, debo decir que tampoco debemos dejarnos llevar por discursos extremistas que sean totalmente opuestos, porque su base suele estar en culpar exclusivamente al que tiene malas intenciones, que su gran culpa tiene, pero también la tiene el que se deja engañar. Un ejemplo muy claro y actual en España es el de las preferentes. Ahora que se sabe que eran un producto de mucho riesgo y que ha causado muchas pérdidas a muchos ciudadanos nos encontramos con gente que quiere culpar única y exclusivamente a los bancos de ello. Oigan ustedes, los bancos tienen su gran parte de culpa por lo que hicieron, pero el que compró semejante producto basura sin saber lo que estaba comprando también tiene su parte de culpa. Que siempre aparecerá el que diga “es que me fiaba del director del banco cuando me decía que no era arriesgado”, pues muy bien, seguid con ese sistema de fiaros de los demás, especialmente de los bancos y las grandes empresas, y luego echadle la culpa al otro. Señores, que la culpa de su ignorancia no es del tercero, es suya propia.

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Las bodas, ese gran negocio

Al margen de que para mí el matrimonio no tiene consecuencias nada más que económicas, quiero puntualizar el negocio que supone el realizar una boda. Cierto es que en una boda el traje y el vestido que llevan los novios más la peluquería y maquillaje no son gratis, son realmente caros. A pesar de que me parece un poco estúpido comprar algo para usarlo una única vez, salvo que tenga un precio razonable. Lo de conservar el vestido para “recordar” la boda lo veo como una estupidez, existen muchas otras cosas que pueden servir para recordar aquél momento, reportajes fotográficos y de video, objetos como las alianzas, etc.

Pero voy a adentrarme más en el fondo de la cuestión que me lleva a escribir esta entrada. Y es el negocio de invitar a la gente, especialmente a gente que llevas años sin ver o sin hablar con esa persona. Es muy común querer invitar a mucha gente, en vez de invitar solo a los más cercanos. ¿Por qué? Pues muy fácil, porque cuantos más invitados, más rentable sale la boda. El convite más que ser un coste es una inversión, ya que la gente siempre suele regalar más de lo que vale su cubierto, por lo que a los novios el convite les sale gratis. A más invitados, mayor margen de beneficios ya que la mayoría de los invitados regala un valor considerablemente superior al de su cubierto. De esa manera se obtiene un pico para la luna de miel.

Quizá, llegado este punto, piense más de una persona que por qué pienso yo esto. Y es muy sencillo, es muy típico que los novios insistan más de lo que debería ser normal para convencer a sus invitados de que acudan. Vale que los familiares y amigos más cercanos tienen casi obligación de acudir, pero lo novios no se limitan a los familiares y amigos más cercanos, no es eso lo habitual. Lo habitual suele ser que inviten a gente con la que pueden estar años sin hablar. ¿Cómo se puede ser tan falso? Nunca se acuerdan de esas personas pero llega el día de la boda y ¡Ta chan! Se acuerdan, cómo es el dinero, te puede hacer recordar a personas olvidadas si eso te va a suponer un beneficio económico.

Y cuando una persona recibe una invitación automáticamente ha entrado en un callejón sin salida, haga lo que haga será mala opción. Si acepta la invitación, le sangrará el bolsillo, especialmente si la boda es a cientos de kilómetros de su hogar. Y si no acepta la invitación quedará mal ante los ojos de los novios. Está bien sacrificarse por acudir a la boda de los seres más allegados, pero ¿por aquellos con los que apenas tengo relación?

Lo peor no es recibir una invitación, lo peor es que cuando uno llega a una edad, sus amigos empiezan a casarse, y los amigos de la pareja, lo que duplica el número de bodas. Y en apenas unos pocos meses o unas pocas semanas puede tener varias bodas, ¿es necesario financiar tantas bodas? Y hay que tener en cuenta que el dinero no crece en los árboles mucha gente tiene apenas el dinero justo para llegar a fin de mes, si además le empiezan a acribillar a bodas ¿cómo va a vivir?

Y con la excusa de que quieres que en tu boda estén las personas más cercanas no me parece apropiado tampoco el pedirles un regalo. Lo de regalar es tradición, no es ninguna norma. El que regala es porque puede y quiere, pero creo que hoy en día más que por querer y poder es por aparentar, se antepone la apariencia a las posibilidades reales de realizar regalos.

En mi opinión, si una persona querida tiene realmente el deseo de que yo acuda a su boda, no debería sentarle mal que acudiese sin regalo. Está bien que uno cubra el precio de su cubierto si no es algo que está muy por encima de su nivel económico, pero el regalo extra es mi presencia, ¿no es eso lo que tanto valora? Si me va a valorar más por el regalo que por mi presencia es porque no me considera una persona querida. Y todos aquellos invitados que no son muy cercanos perfectamente deberían poder rechazar la invitación sin que por ello se piense mal de ellos. Sinceramente, si una persona que no es cercana me invita y le parece mal que rechace la invitación puede irse a donde yo me sé, por materialista.

Porque ya está bien, si les falta dinero para pagarse la boda y la luna de miel tienen dos opciones, o se adecúan a sus posibilidades económicas o se van a un banco y piden un préstamo, pero que dejen de aprovecharse de los conocidos para financiarse. Que una boda puede estar bien, el problema está en que no es solo una boda. Un año superado sin invitaciones a bodas es un año feliz y tranquilo, lo raro es que eso sea así.

Ante mis ojos el matrimonio, desde que empieza hasta que acaba, el matrimonio es un puro negocio y un contrato de consecuencias puramente económicas. No es necesario prestar consentimiento ante un tercero y rellenar un montón de papeles para demostrar el amor a una persona. Y mucho menos obligar a terceros a que te financien el evento de la boda y parte del viaje de luna de miel.