Las bodas, ese gran negocio

Al margen de que para mí el matrimonio no tiene consecuencias nada más que económicas, quiero puntualizar el negocio que supone el realizar una boda. Cierto es que en una boda el traje y el vestido que llevan los novios más la peluquería y maquillaje no son gratis, son realmente caros. A pesar de que me parece un poco estúpido comprar algo para usarlo una única vez, salvo que tenga un precio razonable. Lo de conservar el vestido para “recordar” la boda lo veo como una estupidez, existen muchas otras cosas que pueden servir para recordar aquél momento, reportajes fotográficos y de video, objetos como las alianzas, etc.

Pero voy a adentrarme más en el fondo de la cuestión que me lleva a escribir esta entrada. Y es el negocio de invitar a la gente, especialmente a gente que llevas años sin ver o sin hablar con esa persona. Es muy común querer invitar a mucha gente, en vez de invitar solo a los más cercanos. ¿Por qué? Pues muy fácil, porque cuantos más invitados, más rentable sale la boda. El convite más que ser un coste es una inversión, ya que la gente siempre suele regalar más de lo que vale su cubierto, por lo que a los novios el convite les sale gratis. A más invitados, mayor margen de beneficios ya que la mayoría de los invitados regala un valor considerablemente superior al de su cubierto. De esa manera se obtiene un pico para la luna de miel.

Quizá, llegado este punto, piense más de una persona que por qué pienso yo esto. Y es muy sencillo, es muy típico que los novios insistan más de lo que debería ser normal para convencer a sus invitados de que acudan. Vale que los familiares y amigos más cercanos tienen casi obligación de acudir, pero lo novios no se limitan a los familiares y amigos más cercanos, no es eso lo habitual. Lo habitual suele ser que inviten a gente con la que pueden estar años sin hablar. ¿Cómo se puede ser tan falso? Nunca se acuerdan de esas personas pero llega el día de la boda y ¡Ta chan! Se acuerdan, cómo es el dinero, te puede hacer recordar a personas olvidadas si eso te va a suponer un beneficio económico.

Y cuando una persona recibe una invitación automáticamente ha entrado en un callejón sin salida, haga lo que haga será mala opción. Si acepta la invitación, le sangrará el bolsillo, especialmente si la boda es a cientos de kilómetros de su hogar. Y si no acepta la invitación quedará mal ante los ojos de los novios. Está bien sacrificarse por acudir a la boda de los seres más allegados, pero ¿por aquellos con los que apenas tengo relación?

Lo peor no es recibir una invitación, lo peor es que cuando uno llega a una edad, sus amigos empiezan a casarse, y los amigos de la pareja, lo que duplica el número de bodas. Y en apenas unos pocos meses o unas pocas semanas puede tener varias bodas, ¿es necesario financiar tantas bodas? Y hay que tener en cuenta que el dinero no crece en los árboles mucha gente tiene apenas el dinero justo para llegar a fin de mes, si además le empiezan a acribillar a bodas ¿cómo va a vivir?

Y con la excusa de que quieres que en tu boda estén las personas más cercanas no me parece apropiado tampoco el pedirles un regalo. Lo de regalar es tradición, no es ninguna norma. El que regala es porque puede y quiere, pero creo que hoy en día más que por querer y poder es por aparentar, se antepone la apariencia a las posibilidades reales de realizar regalos.

En mi opinión, si una persona querida tiene realmente el deseo de que yo acuda a su boda, no debería sentarle mal que acudiese sin regalo. Está bien que uno cubra el precio de su cubierto si no es algo que está muy por encima de su nivel económico, pero el regalo extra es mi presencia, ¿no es eso lo que tanto valora? Si me va a valorar más por el regalo que por mi presencia es porque no me considera una persona querida. Y todos aquellos invitados que no son muy cercanos perfectamente deberían poder rechazar la invitación sin que por ello se piense mal de ellos. Sinceramente, si una persona que no es cercana me invita y le parece mal que rechace la invitación puede irse a donde yo me sé, por materialista.

Porque ya está bien, si les falta dinero para pagarse la boda y la luna de miel tienen dos opciones, o se adecúan a sus posibilidades económicas o se van a un banco y piden un préstamo, pero que dejen de aprovecharse de los conocidos para financiarse. Que una boda puede estar bien, el problema está en que no es solo una boda. Un año superado sin invitaciones a bodas es un año feliz y tranquilo, lo raro es que eso sea así.

Ante mis ojos el matrimonio, desde que empieza hasta que acaba, el matrimonio es un puro negocio y un contrato de consecuencias puramente económicas. No es necesario prestar consentimiento ante un tercero y rellenar un montón de papeles para demostrar el amor a una persona. Y mucho menos obligar a terceros a que te financien el evento de la boda y parte del viaje de luna de miel.

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